Vengo mirando desde afuera esto del bicentenario... sin abrir la boca. Acompaño, y hasta he aportado a piezas en donde suponía que se quería incluir, ideas al respecto. Pero yo, como ciudadana, como yo, no he dicho nada. Recién puedo abrir este manifiesto enviado por el admirado profesor Carlos Galano y quisiera rescatar algunos párrafos. El esto, pueden accederse al documento completo... En el Bicentenario, pidamos justicia ambiental. (Documento completo)
Manifiesto Ambiental del Bicentenario
De los crujidos de una etapa histórica que marcó huellas profundas en la piel de la tierra y el alma de los pueblos, a reimaginar tiempos latinoamericanos y emancipatorios...
Rosario ciudad del río marrón mayo 2010 - Argentina
Ante la conmemoración del Bicentenario de nuestra vida independiente, desde la Escuela de Educación y Formación Ambiental “Chico Mendes”, deseamos aportar algunas ideas con la intención de generar reflexiones y puntos de vista para la construcción de un pensamiento emancipador.
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Los fastos del Bicentenario generan un clima propicio para repensar el pasado y reimaginar el futuro. La evocación de la Revolución de Mayo de 1810, permite significar el peldaño inaugural de la etapa independiente de lo que más tarde sería la Argentina, y se expande incontenible para asociarse a otros procesos emancipadores que germinarán, finalmente, durante el siglo XIX, en el nuevo ethos latinoamericano.
Sin embargo, y para ser fieles a la propia génesis emancipatoria de la región, es necesario recordar que el primer grito libertario se produjo en una de las mitades geográficas de una isla caribeña, poblada por negros esclavos, en Haití, colonia francesa, en 1804, en pleno apogeo del Poder Napoleónico y con las luces todavía poderosas de la Revolución Francesa. Hacía pocos años, en medio del torbellino que producía el Iluminismo, el padre del constitucionalismo moderno, que sentó las bases para que hasta hoy la filosofía racionalista situara en el corazón de la organización jurídica de los Estados al Derecho Positivo, había manifestado que “era imposible que Dios, un ser sapientísimo, hubiera dotado de alma a los horribles negros”. Hoy, después de la catástrofe que arrasara la isla, nos preguntamos por qué ese valiente pueblo sigue pagando con su pobreza y expoliación inacabable, la osadía de haber desafiado al imperio de las ideas de la Modernidad Insustentable. En este sitio, devastado, la placa tectónica es la miseria indigna que se conjuga con indecentes desigualdades y con la obscena arrogancia de la oligarquía local.
El Bicentenario de la gesta de mayo en Argentina, se escribe como la primera página de una serie de recordaciones independentistas, que irán desarrollándose en la región, a medida que los bicentenarios nacionales escriban la literatura del recordatorio de su génesis emancipatoria.
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(sobre "la libertad")
Kant define a la naturaleza como un orden que debe estar en la esfera del dominio humano, pues es una materialidad cosificada inanimada. Y abre ese mundo cerrado para que el hombre racional actúe según los dictados de la ciencia y la tecnología, monitoreados por el Individualismo y la Propiedad Privada. De ese modo la naturaleza y el cuerpo quedan sometidos a las leyes de la causalidad. El dominio de la Razón consiste en generar un proyecto de explotación sobre la naturaleza, considerada infinita, según la investigación científica y la aplicación tecnológica, según las leyes de mercado.
Pero quedaba la reflexión filosófica de la libertad. Y es aquí donde Kant, en la Razón Práctica, define que la libertad nada tiene que ver con la naturaleza, que es un principio absolutamente diferente, pues se afirma que su ser es la existencia del alma inmortal y la existencia de dios. Y aquí, en esta esfera se piensa la libertad del hombre, la ética y la política. Dos mundos, el mundo de la naturaleza y en el otro borde, lejano e imposible de acceder, el reino del espíritu.
Según esta visión dominante hasta ahora, el hombre tiene la libertad para actuar con rigor científico sobre el reino de la naturaleza, en esta esfera no actúan ni la libertad ni la ética, pues la naturaleza no es sujeto de derecho, según el Derecho Positivo, que tiene sus aposentos en el diálogo con la trascendencia. Ahí está la esquizofrenia cultural de Occidente. Ahí está, en sus gérmenes más explícitos uno de los afluentes, cada vez más contaminados, que habrán de desatar el vendaval de la Crisis Ambiental.
EL CENTENARIO
1910 se erige como una fecha emblemática y referencial en la historia de los fastos argentinos, se re - crea el mito de surgimiento de la Argentina en 1810. La nación se abrió al mundo para mostrar el devenir recorrido desde mayo de 1810. La Buenos Aires de los festejos estallaba en optimismo y se acercaba a las promesas del cielo anunciado. En realidad, se parecía más al Palacio de Cristal imaginado por Dostoievski que a la fotografía feliz de un tiempo que nunca será. Una serie de muestras, exposiciones, ceremonias, publicaciones difunden las luces opacas del crecimiento económico, la concepción positivista de Progreso inacabable, y la ventura sin fin de una sociedad en estado de ilusión. Ilusión vocablo que en latín significa engaño.
La idea de la muestra sobre el Progreso y los futuros umbrosos que se abrían también había sido el fundamento para la primera exposición industrial organizada en Londres, en 1861, para celebrar las cumbres civilizatorias y de redención humana que generaban la ciencia, la tecnología y la economía de mercado. Se hizo en una construcción imponente y majestuosa que recreaba un Palacio de Cristal, que más tarde fuera destruido por un incendio.
Todo el país, aún en los rincones más solitarios de su geografía, se engalanó para recordar el supremo acontecimiento del ser independientes y regocijarse, con las promesas inacabables que nos ofrecía, para un futuro sin parangón, la Argentina Agroexportadora constituida por una elite de latifundistas, positivistas y conservadores de variopinta laya. Es menester recordar que en el censo de 1895 el país tenía 3.748.000 habitantes y que posteriormente, la población se duplicará en 1914, alcanzando la cifra de 7.906.000. Los torrentes inmigratorios habían rediseñado la topología social a punto tal que, hacia fines del siglo XIX la mitad de la población de Buenos Aires era extranjera. Así, toda la región pampeana fue replaneada por la inmigración y el ferrocarril. Un poeta santafesino, José Pedroni, denominó “pampa gringa” a esta llanura.
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BICENTENARIO
Ya nos encontramos en los escenarios del Bicentenario. El siglo XX dejó huellas profundas e imborrables en la piel de la tierra y en el alma del pueblo. Ha sido el siglo más violento y desolador de todos los tiempos. Las guerras de exterminio generalizado e inhumano, Hiroshima, la invasión de países y la destrucción pensada y planificada hasta el hartazgo al calor de Doctrinas como la de la Seguridad Nacional y el control ejercido por los dueños del poder a través de organismos internacionales como la OMC, son ejemplos de los azotes de estos tiempos.
[...] nos asociamos a todas las expectativas populares por los fastos del Bicentenario. También acordamos en que estos festejos deben tener el espacio de realce, de recordación y de recuperación de nuestras mejores prosapias históricas, de convocar a la ciudadanía para exteriorizar su imaginario en relación a un futuro común y emancipador, para todas y todos, desde Argentina y para Latinoamérica.
Sin embargo, nosotros nos vemos interpelados por la crisis ambiental. Crisis que impacta en el planeta entero y que en nuestro país y en nuestra provincia emerge desde las grietas cotidianas de la realidad ya sea como Cambio Climático, como Efecto Invernadero, como Sequías e Inundaciones, como enfermedades que en principio tienen diagnósticos confusos y que luego se comprueba que son generadas por los efectos contaminantes de los aparatos productivos, y por otra infinidad de dolorosas cuestiones cotidianas como el crecimiento de la pobreza, la exclusión, el deterioro irreversible de ecosistemas naturales, por la deforestación, la erosión y el consumo descomunal de energía.
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Sobre esto podemos afirmar, como lo dicen organismos internacionales que la instalación y sostenimiento de un modelo productivo al que denominamos de agricultura industrial afecta nuestra soberanía alimentaria, la biodiversidad, expulsando poblaciones locales hacia la periferia de las grandes ciudades, aumentando los niveles de pauperización y exclusión y poniendo en riesgo la salud de las poblaciones rurales y urbanas.
Desde este marco conflictivo ambiental que tiene el siglo XXI, afirmamos que la crisis ambiental es una crisis civilizatoria, crisis terminal de una etapa histórica que ignora lo diferente en aras del utilitarismo de mercado y su desasosegado individualismo.
Miles de movimientos sociales, académicos, culturales, pueblos originales y culturas populares de la región irredenta estamos pensando y construyendo el pensamiento ambiental latinoamericano y compartimos el legado que nos dejara Simón Rodríguez, maestro de Simón Bolívar, “O INVENTAMOS O ERRAMOS”. Este, nuestro pensamiento ambiental latinoamericano, emerge desde los escombros del mundo economizado, paisaje erosionado por las agujas del corto plazo productivista, desnuda el alfabeto matematizado del cientificismo tecnologizado, y va re - imaginando al mundo desde otras estrategias del poder y desde una nueva geopolítica del conocimiento.
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Por ello, afirmamos , adoptamos y exigimos, entre otros, los siguientes principios de Justicia Ambiental, tal como lo postulan las redes de justicia ambiental que integramos:
1-La Justicia Ambiental afirma la sacralidad de la tierra, su unidad ecológica, e interdependencia de todas las especies que, además, gozan del derecho imprescriptible a no ser objeto de destrucción ecológica;
2- La Justicia Ambiental exige que las políticas públicas se basen en el respeto mutuo y en la justicia para todos los pueblos sin exclusión, libres de toda forma de discriminación y preconceptos;
3- La Justicia Ambiental proclama el derecho al uso responsable, ético y equilibrado del suelo y de los bienes renovables en aras de un planeta sustentable para los humanos y para todas las formas de vida;
4- La Justicia Ambiental clama por la protección universal contra los ensayos nucleares, contra la producción y derrame de venenos, desechos tóxicos y peligrosos, que amenazan el derecho fundamental a gozar de aire, suelo, agua y alimentos sanos y limpios;
5- La Justicia Ambiental afirma el derecho fundamental de todos los pueblos subyugados a la autodeterminación política, económica, cultural y ambiental;
6- La Justicia Ambiental exige el cese de la producción de materiales tóxicos, peligrosos y radioactivos, y que sus productores, antiguos y actuales, sean severamente responsabilizados ante el pueblo y obligados a desinfectar y descontaminar todos los ámbitos de producción, industriales y rurales;
7- La Justicia Ambiental exige el derecho irrestricto para ejercer la participación igualitaria en cualquier nivel del proceso de decisiones, incluyendo en esta exigencia la definición de las necesidades, y sobre el planeamiento, ejecución y evaluación de los proyectos de desarrollo;
8- La Justicia Ambiental afirma el derecho de todos los trabajadores y trabajadoras a tener un ambiente laboral seguro y saludable, sin que sean forzados o amenazados a escoger entre una vida insegura y el desempleo. También afirma el derecho de todos y todas que trabajan en su propia morada a estar libres de riesgos ambientales;
9- La Justicia Ambiental protege los derechos de todas las víctimas de injusticia ambiental, exige la obligación de compensarles con indemnizaciones justas por los daños generados y, también, el derecho a obtener un tratamiento médico de calidad y gratuito;
10- La Justicia Ambiental considera actos de injusticia ambiental producidos por los gobiernos como una violación a la Ley Internacional, a la declaración Universal de los Derechos Humanos y a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Genocidio;
11- La Justicia Ambiental deberá reconocer una relación legal y natural especial a los pueblos originarios por acuerdos, convenios y tratados que afirmen su soberanía y autodeterminación;
12- La Justicia Ambiental afirma la necesidad de promover políticas urbanas ambientalmente sustentables y políticas rurales libres de contaminación con el objeto de reconstruir las ciudades y los territorios rurales en equilibrio con la naturaleza, honrando la integridad cultural de todas las comunidades y garantizando el acceso justo de todos al usufructo integral y sustentable de los bienes naturales;
13- La Justicia Ambiental clama por la obediencia irrestricta a los convenios acordados para poner fin a los ensayos genéticos y a procedimientos médicos que tomen como objeto de experimentación a los seres humanos;
14- La Justicia Ambiental se opone sin concesiones a las acciones destructivas de las empresas multinacionales;
15- La Justicia Ambiental se opone a la invasión y ocupación militar, a la represión, a la explotación de tierras con fines colonialistas, a la explotación de todas las formas de vida;
16- La Justicia Ambiental afirma la imperiosa necesidad de educar a las generaciones presentes y futuras, poniendo énfasis en los temas ambientales y sociales, una educación fundada en la experiencia y en el respeto, sin concesión, por la diversidad cultural;
17- La Justicia Ambiental requiere que todos y todas, sujetos complejos, escojamos formas de consumo sustentables con el objetivo de desterrar el consumo depredador de los bienes naturales, producir un menor volumen de basura, tomar decisiones afirmadas en la ética ambiental, y cambiar las prioridades en nuestros estilos de vida, de modo que pueda asegurarse la salud del mundo socionatural para las generaciones presentes y futuras.
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